Romey

Confidencias ante la vela

Pan de vida son tus muslos tiernos
como tus palabras vino de los tiempos
Ambrosía tus encantadores gestos, 
y tus ojos espejo de un pasado
donde te veo lejos, en otro lado,
carente del deseo de amarnos tanto,
lo justo y prometido, acaso más
Tú cuerpo tiene el trazo de un audaz 
artesano que dejó su alma volar
y asomarse al umbral limítrofe
entre dos oscuros abismos disímiles
Y allí oyó tu aullido, y hayó
tu tristeza entre tinieblas y dolor,
una ausencia de sentido, un vacío
donde debiera estar tu corazón,
un espejo en el que se vió
a sí mismo, reflejo invertido
de ti que eres mi yo

 

 

Decadente martirio del sonámbulo dolorido
disecar una roca sobre la que ha dormido,
llorar lágrimas silenciosas como su boca y el olvido
El tiempo gasta al cuerpo, y otro pétalo marchito
se desploma como una gota de tiempo en la eternidad

Una soledad imperturbable me alcanza
desde el sueño hasta mi alma
Nadie, nadie, nadie
interrumpe siquiera un instante
mi aprendizaje
Una soledad que aparenta
ser perpetua cadena,
lámpara de hielo
en la noche más negra,
llama fría y trémula
que alimenta un desasosiego
tan infinito como el eterno firmamento
Río como reiría un niño huérfano 
hundido en un río ígneo y gélido
Sigo aquellos destellos que hacia el fondo 
van cayendo desde mis ojos llorosos

 

El amor proyecta figuras en un fondo oscuro,

luces que danzan abrazadas a un espíritu libertino.

Escucho ese oleaje imaginario conmovido como uno

que permanece herméticamente abierto al discretísimo 

camino ondulante, de fin presumiblemente inalcanzable;

secreto que profundizar durante mis ingrávidas vigilias,

cuando el magnetismo de la noche me atrae

hacia sus labios, deseándolos, anhelando besarlos...

Pero... cuánta distancia! La mar amarga y abrasiva...,

y esta fría inmensidad infinita, este extático letargo

que me suscita el sentirla como ausencia, como paraíso 

tan lejano como esquivo es su cuerpo, el cuerpo amado,

escurriéndoseme en ardientes gotas más abajo del ombligo...

Y entretanto juego lascivo demorado en recuerdos 

que fueron olvido; excitante paroxismo de mi sufrimiento,

absorbente espiral en mitad de mí mismo.

Intemperie adonde derivo entonces: al borde del delirio...