Pan de vida son tus muslos tiernos
como tus palabras vino de los tiempos
Ambrosía tus encantadores gestos,
y tus ojos espejo de un pasado
donde te veo lejos, en otro lado,
carente del deseo de amarnos tanto,
lo justo y prometido, acaso más
Tú cuerpo tiene el trazo de un audaz
artesano que dejó su alma volar
y asomarse al umbral limítrofe
entre dos oscuros abismos disímiles
Y allí oyó tu aullido, y hayó
tu tristeza entre tinieblas y dolor,
una ausencia de sentido, un vacío
donde debiera estar tu corazón,
un espejo en el que se vió
a sí mismo, reflejo invertido
de ti que eres mi yo
Decadente martirio del sonámbulo dolorido
disecar una roca sobre la que ha dormido,
llorar lágrimas silenciosas como su boca y el olvido
El tiempo gasta al cuerpo, y otro pétalo marchito
se desploma como una gota de tiempo en la eternidad
Una soledad imperturbable me alcanza
desde el sueño hasta mi alma
Nadie, nadie, nadie
interrumpe siquiera un instante
mi aprendizaje
Una soledad que aparenta
ser perpetua cadena,
lámpara de hielo
en la noche más negra,
llama fría y trémula
que alimenta un desasosiego
tan infinito como el eterno firmamento
Río como reiría un niño huérfano
hundido en un río ígneo y gélido
Sigo aquellos destellos que hacia el fondo
van cayendo desde mis ojos llorosos