Francisco Seoane
El hombre olvidado
No lo encontrarás en las calles,
Ni tampoco en los epitafios,
Podrías creer que ese hombre
No existió nunca y que es falso.
No quedan de él fotos ni huesos,
Nadie recuerda su rostro ni sus manos
Su corazón ha dejado de latir
Hace ya miles de años...
Pero queda algo de él,
sin embargo...
Su alma en un poema,
Como fantasma de tiempos pasados.
Ni rastro de las veredas que andaba
Ni los árboles o los mercados,
Sus palabras difíciles de leer,
De tanto que el idioma ha cambiado.
No están quienes vieron su bautismo
Ni aquellos que lo han velado,
Tampoco cada uno de quienes,
Aquel hombre se ha cruzado.
Un libro,
Sólo eso ha quedado...
Un muchacho hoy lo ha encontrado,
En el rincón de un librero oxidado.
Por curiosidad empezó a leerlo,
Y al oír esa antigua voz resonando,
Le tomó cariño
Y decidió repararlo.
Retiró el viejo encuadernado,
Repintó su título en tinte dorado,
Recoció luego a su lomo
Las páginas con sumo cuidado.
Mientras descifraba sus arcaísmos,
y posaba sus latidos en ese canto,
Se preguntó como habría sido,
Aquel hombre olvidado...