Oh, cariño mío,
la miel se derrite en tu rostro,
y en su espuma ferviente
veo el eco de tu existencia.
Cual cálidos y grisáceos ojos tristes,
Existe en tu voz un paisaje aterciopelado.
Se hunden los cuchillos,
Y se resquebrajan en mis manos.
Oh, cariño mío,
si supieras cuanto de mí te has quedado,
Entre mis añoranzas te he guardado,
y me he nutrido con tu esperanza
Fiel al suelo firme que mantiene tus ideas
y las mías en el mismo mundo
Una eternidad que no es lúcida,
Una lengua que no es la mía,
Y solo una sombra rota de crisálida a media metamorfosis
Oh, cariño mío,
Si observases en plenilunio lo que mis ojos susurran
en la frontera del año
tu voz es mi eclipse,
y yo me disuelvo
en la sombra que florece contigo.
Oh, cariño mío,
Prometo atisbarte en el más abismal susurro,
Y pensarte, hasta que florezcan
las begonias en el lamento del invierno.