Me gusta esta luna
que llega cansada
estos días del Año Nuevo,
blanca y sola,
como una señora
sin sombrero.
Abajo, la gente
se agita sin pausa
con fuegos, bombardas
y risas desatadas,
como si quisieran
despertar al cielo.
La luna brilla en silencio
para no espantar
los deseos recién nacidos.
A veces es uva,
a veces campana,
a veces un plato
donde cena la esperanza.
Luna, no te vayas
que este año nuevo
recién aprende a caminar.
Y alumbra mi camino,
que no quiero
caerme de mí mismo.