Se abre el telón y ahí espero yo;
delante de los focos solo proyecto una sombra.
La luz mana dentro de mí,
no quiero sentirme solo.
Soy el orfebre de mis propias cadenas;
detrás del Tártaro solo queda la condena.
Soy el Tántalo de esta última cena.
Si Judas me da un beso; se lo daré de vuelta.
Se abre el telón y ya estoy de nuevo.
Dejo atrás el semblante ceniciento,
la prisión del corazón inquieto,
las miradas detrás de la puerta de Gehena.
Soy el Caronte que transporta su alma;
que la arrastra por el fango de Sheol.
La incandescencia del alma se refracta;
mi refulgencia deja los corazones ciegos.
Se abre el telón de una obra nueva.
¿Quién esperará detrás del Elíseo?
Uróboro se deshace entre sus entrañas;
el silencio se rompe y se escucha una risa.