Yo tengo a donde morir, una humilde posada, un humilde colchón hecho de carrizo crujiente donde perecer
y tú que apareciste de manos abiertas queriendo recibir de la vida sin nada que dar
yo tengo donde morirme, un lecho de carrirzo crujiente que me espera
y tu, con las manos abiertas esperando sin nada que esperar.