HECTOR FRANCO

Y TÚ

Yo tengo a donde morir, una humilde posada, un humilde colchón hecho de carrizo crujiente donde perecer

y tú que apareciste de manos abiertas queriendo recibir de la vida  sin nada que dar

yo tengo donde morirme, un lecho de carrirzo crujiente que me espera

y tu, con las manos abiertas esperando sin nada que esperar.