Hoy despierta un año nuevo,
y en el horizonte el sol se estira
como quien abre los brazos para abrazar la vida.
Cada rayo es un impulso,
cada sombra es un recuerdo que ya no pesa,
y yo me paro firme, con ganas que arden
y con el corazón listo para todo.
Atrás quedan los días que dolieron,
las dudas que susurraban “no es posible”,
los miedos que quisieron detenerme.
Hoy los miro, los abrazo como maestros,
pero no les cedo ni un paso del camino que voy a trazar.
Vengo con disciplina como escudo,
con constancia como espada,
con sueños que no se conforman
con menos de lo que merecen.
Hoy no se trata de suerte,
se trata de coraje.
Hoy no se trata de esperar,
se trata de construir.
Cada amanecer será un canto,
cada desafío un escalón,
cada error una brújula
que me guía hacia mi mejor versión.
No hay límite que me detenga,
no hay miedo que me haga retroceder,
no hay sueño que quede a medias
cuando mis ganas son alas abiertas.
Este año será de pasos firmes,
de manos que crean,
de mente despierta,
de corazón que late con fuerza.
Que cada hora cuente,
que cada acción sume,
que cada caída enseñe,
que cada instante valga la pena.
Bienvenido, 2026,
te recibo con toda la fuerza que guardé,
con todo el fuego que entrené,
con toda la hambre de ser más grande
que ayer, que nunca, que nadie.
Hoy mis ganas son alas,
mi voluntad, viento que me impulsa,
y mi corazón, brújula que no se pierde.
Hoy empiezo a volar
hacia lo posible, hacia lo extraordinario,
hacia la versión de mí que siempre soñé.
Que este año sea de luz propia,
de acción sin miedo,
de pasos que resuenen en la tierra,
de sueños que no esperan,
sino que se toman.
Hoy, en este primer amanecer del año,
me prometo no detenerme,
no rendirme,
no dudar.
Porque lo posible se conquista,
lo posible se siente,
lo posible se vive
cuando se abren las alas
y se deja que el corazón vuele.