A esta hora de canícula insolente,
hay recital de grillos allá afuera.
La noche va pasando, displicente,
y el coro es una trova lastimera.
En el cielo, de oscuro terciopelo,
el titilar de estrellas se hace fiesta,
la luna se ha perdido en lento vuelo
arrullada en los sones de la orquesta.
Del cortinaje emerge su figura,
mostrando una dulcísima sonrisa,
todo lo envuelve su halo de ternura.
Los visillos se mueven con la brisa
y en un soplo se esfuman sueños vanos
dejándome un clavel entre las manos.
Derechos reservados por Ruben Maldonado.