Ricardo Castillo.

Antes del amanecer

«Hablar
cuando el corazón ha caído
y nadie sabe
recogerlo»
RC

Qué egoísmo
escribir
los versos de mis penas

Qué egoísmo
abrigarme
mientras el frío busca otros cuerpos

Qué egoísmo
comer
delante de los hambrientos

Qué egoísmo
tomar el vino
cuando hay sed

Pedir libertad
mientras el pensamiento
cae
hacia el desenfreno

Ay
qué egoísmo

Cruzar los pueblos
y descansar
en sus cómodas alcobas

Cortar del limonario su fruto
al rosal
la prematura flor

Sacudir la higuera
hasta dejarla
sin flores
sin promesa de higos

Pisar la tierra fértil
y dejar en ella
una huella infecunda

Aquí
en nuestro solemne soliloquio
otros tragan saliva
en las cavernas de metal

Qué vergüenza
masticar la carne
rumiar
el éxtasis de los excesos

Caminar en la dirección del viento
entre sol y luna
entre el fuego
y sus cenizas postreras

Mares
sales
que se hacen
y se deshacen

Aullidos de perros
a medianoche
hacia el nuevo día
de la resaca

Sin merecer nada
porque no es posible merecer
mientras el corazón
se nos caiga del pecho
y no podamos recogerlo

Aquí
donde se festejan los ostentosos banquetes
de la alegría

Desde la colina lunar
las estrellas caen
como golpes furiosos

sobre ciudades antiguas
ciudades primigenias
que arden

La carne se quema
la voz se ahoga
los graneros se pulverizan

Huérfanos
viudas
huesos dispersos

Qué egoísmo
decir
lo que no tengo
decir
lo que no me falta

Mientras observo
el silencio
de los piadosos

y en las horas postreras
escucho su mensaje impersonal

Negarse al abrazo
porque —dicen—
los verdaderos días
pertenecen al Sol Invicto

Y no saber
cuándo
desear la ventura

Sin tiempo verdadero
sin calendario

Solo queda
el envoltorio

adornando
el último instante
de la inanición

Ricardo Castillo
De: La hora crepuscular (2025)