Él no sabe
que en cada despedida;
sintiendo su mano con la mía
quería retenerlo.
Que no transcurra el tiempo
y se quede conmigo.
Pero llegó el momento que tanto había temido,
se va para siempre de mi vida.
Mi corazón está en duelo.
Dios de mí no se olvida,
sabe lo que hace
aunque hoy muera lento.
Pero de amor nadie se muere
es lo que los ilusos dicen.
Yo no creo que sea cierto
por algo existe la poesía
yo soy un ejemplo.
Él y sus ojos estrellados
quedarán en mis versos.
Eterno rehén de mis escritos
quiera o no admitirlo…
Ya no lo espero
pero todavía le escribo
en este cuadernillo
en una noche de desvelo.