Claudio M. López

Ianus

En esta vigilia,

cuando sea la hora nueva,

cuando mi luna y tu sol

se reconozcan

a hurtadillas,

sobre tejados en vela,

 

no estaré solo.

 

Tendré tu mano,

frágil y amarilla

de vuelo de pájaro

refugiada en la mía.

 

Y vos, un verso

en la copa

que, en el pulso

exacto del instante,

ceñirá tus labios

con dos coronas.

 

Te llaman

doce cansancios,

—los de siempre—

esos que las doce

ya están dando.

 

Feliz año, mi bien.

 

No estaré solo

porque me habitas

en esta margen del tiempo,

 

remota,

inevitable.

 

Y vos tampoco,

porque nadie

estuvo a tu lado

como yo,

 

sin tocarte.

 

Claudio M. López ©