Soy habitante de mi cuerpo universal: polvo de estrellas, imagen terrena y etérea. No hablo del mundo: me nombro en él.
Cavernícola natural, tallo mi manto de lunas llenas, médanos de viento, arena y sal. Este cuerpo no me pertenece del todo: me habita.
Con los credos de Adán y la ternura primigenia en Eva. Serpiente y manzana colosal —hambre del origen— en el reino inaugural de la nada.
No soy Adán ni Eva, pero soy raíz y origen.
Río y cordillera: Oriental, Central, Occidental. Mi columna es el eje donde el mundo se yergue. Geografía viva. Mapa que late.
Aquí pienso. Aquí recuerdo. Aquí dudo.
Hombre y mujer, forja de arcilla y maizal; pájaro, alondra, paloma torcaz arrullando a los hijos que vienen y se van.
No soy dios, pero amaso paraísos precarios con saliva, arcilla y abrazo. Mezcla de dulce y sal... si Dios nos llueve.
Así te veo. Desde los espejos. Poema espejo que respira.
Cuando te beso, cuando me besas, Cuando amo, no peco: regreso. Y fundimos —con el cuerpo— los tiestos rotos del nuevo paraíso.
Racsonando Ando ( Oscar Arley Noreña Ríos)