El tablero queda inmóvil
Cuando se apaga la luz.
Las manos juntan las piezas
Sin mirar rangos ni cicatrices.
El rey ya no pesa más que nadie,
El peón no explica su caminata.
La caja es chica,
Entra todo:
Las coronas,
Las marchas largas,
Los sacrificios mal entendidos,
Las jugadas que parecían brillantes
Y las que no dejaron rastro.
Ahí adentro no hay jerarquía,
Solo madera pudriéndose,
Un ruido seco
Cuando se cierra la tapa.
La soberbia no entra doblada,
Por eso queda afuera.
La humildad es aceptar
no es un consejo:
Que el final siempre pone cada cosa en su lugar
Mejor que nosotros.
Mañana,
Cuando alguien vuelva a abrir la caja,
Ninguna pieza recordará
Quién mandaba.