Algo en mitad de la noche
me grita que no te quiera.
Pero yo busco tus besos
como el que busca candela,
y me ahogo entre sollozos
en esta cama desierta.
¡Y escucho como un redoble
las guitarras de las juergas!
Rezo y suplico a la virgen
que me escuche y te proteja
de los males que la noche
esconde por las callejas.
Y que cuando el alba asome,
vuelvas a cruzar la puerta
de esta casa que es sepulcro,
y es donde mi muerte espera.
¡Ay! Que llorar de bordones
se rompen contra mis rejas.
Yo me adorno con sonrisas
y me pongo yerba buena
en la canal de mi pecho,
pero tú, nunca lo aprecias,
y vas con otras mujeres
perfumadas de taberna.
De esas que solo te quieren
mientras abras la cartera.