como el gringo de Colipilli
no me quiso dar trabajo
para la veranda
tuve que bajar hasta Zapala
y de ahí me llamaron
para peonarme en Bahía Blanca;
pero allá surgió
una desavenencia
con los cuatreros del Tuyú
y finalmente
terminé en Retiro;
fui a parar de lavacopas
en un restaurante
de la avenida Córdoba;
tuve por encargado
a un boliviano rengo
y de compañeras
a dos camareras gordas
infieles;
bajábamos al depósito
del subsuelo
donde no hay ventanas
ni aire
y escondidos entre las cajas
entre las bolsas
de veinte kilos de papas
para soportar
tomábamos el vino
del patrón.