SONETO DEL TIEMPO INDOMABLE
El tiempo entra sin llamar: muerde casas,
derriba el orden tibio de los días;
no atiende súplicas ni profecías,
corre, se esconde, vuelve y nos traspasa.
No lleva brida, freno ni coraza,
rasga la piel del alma en su porfía;
marca con uña oscura cada vía
y huye después, dejándonos la brasa.
No se le doma al paso ni al conjuro,
no acepta jaulas hechas de cartón;
su ley es ir, feroz, contra el futuro.
Aprender a andar junto a su razón
es pacto sin cadenas ni seguro:
vivir heridos por su condición.
JUSTO ALDÚ © Derechos reservados 2025