¿Qué importa blasonar del albedrío
En medio de la fresca noche oscura,
Si nadie nota nuestro ardor bravío?
Vas celestial, relleno de hermosura,
A soltar los bramidos de mis mares
En una brava chispa de locura.
El sol va apareciendo y los lugares
Se llenan: eres tú quien prende el faro
De mis locos deseos por millares.
Extiendes todo en tu carnal descaro
Y entre risas y golpes y sudores,
Llega, lleno de gloria, el día claro
Que se empapa de nuestros mil olores
Y deja al descubrierto a los amores.