He acallado latidos desgarrados
de un corazón que ansiaba libertades,
pero hoy, le cuento al mundo las verdades
de esos sueños por tiempo aprisionados
que mordían mi pecho en mil bocados
arrancándole todas sus bondades
dejando al descubierto obscenidades,
que no cuentan estos labios sellados.
Son recuerdos de tiempos ya remotos
como sazón que en sueños reverdece
vistiendo de esmeralda a secos sotos.
Yo acaricio este amor que no decrece
mientras le zurzo los jirones rotos
y espero, a ver si alguna vez florece.