Me voy a dormir con los ojos pesados,
con el alma cansada de tantos tejados,
de tanto fingir que no pasa nada,
de andar en un mundo que a veces desgasta.
Me voy a dormir, y le ruego al cielo,
que en mi sueño me lleve su vuelo.
No pido la gloria, tampoco el castigo,
sólo el descanso, profundo y tranquilo.
Qué ironía… vivir tan herido,
con risas falsas y un pecho partido.
Los que sonríen no siempre están bien,
los que más bromean… se rompen también.
Me fui desangrando de verso en verso,
cayendo en abismos dentro de mi universo.
Nadie lo nota, nadie lo escucha,
mi pena se esconde tras cada capucha.
Luz que titila, pero ya no alumbra,
esperanza dormida bajo la tumba.
¿Y si esta noche fuera mi final?
¿Quién notaría el vacío mortal?
Los sueños me llaman como un funeral,
donde el alma descansa y todo da igual.
Ya no hay motivos, ni ganas de luchar,
solo un silencio que quiere reinar.
Fui poeta de guerras internas,
de inviernos sin tregua, de puertas eternas.
Nadie supo cuán roto llegué,
ni cuántas veces yo mismo fallé.
Pero esto no es odio, ni clamor al dolor,
es un susurro suave, sin rencor.
Solo un deseo de ya no volver,
de dejar el mundo sin responder.
Porque duele seguir en esta piel,
cuando todo se siente ajeno y cruel.
Y si he de dormir para no despertar,
que sea en paz, sin más que dar.
Así, sin dramas, sin gritos ni mar,
solo una sombra dispuesta a callar.
Que no me lloren, que no se quejarán,
hay días en que morir parece descansar.
En fin… me voy a dormir.
Con suerte, no volveré a despertar nunca más.