No podemos permitirnos personas que nos digan quiénes somos y lo que hacemos.
Porque va contra nuestro perverso relato de autocomplacencia y comodidad.
Necesitamos pasar por la vida creyendo que somos un pan del cielo.
Hermosos y buenos para mantener al demonio oculto en la inmundicia del alma,
donde nadie nos lo encuentre.
Y seguir siendo lobo o zorra
disfrazados de oveja
ante los infalibles ojos de Dios.