el bardo

Cielo celeste de verano

Ay cielo celeste de verano,

Como un niño en un cumpleaños,

El sol se despide impaciente de sus invitados,

Y ni tirándo de tus orejas puede llevarte al ocaso.

Se siente traicionado por tu insolencia

Porque tú nunca querés ir para abajo,

Siempre querés mantenerte en lo alto,

Tan vanidoso y Fatuo!

Pero es mejor para nosotros, tus huéspedes.

El verte rebelde e impelido surcando todo,

 Tus hijos bebemos tus últimos albores,

Las ubres matinales de mi canto.

Cielo celeste de verano.

Adorno perfecto de esta fiesta.

Odias a las nubes marmoleas entrometidas, no sin culpa,

Las espantas ya que gustas la libertad.

Irredenta suavidad que parece lijada por la mano de un dios,

hace dichosos los ojos que te vieron, te ven y te verán.

Tu frescura inunda de clamor los patios y llena de júbilo al caminante,

Agraciado al sentir la penumbra inmortal de las palomas,

incluso cuando cae el cuervo que pernocta  en el día, y su atardecer diurno que campanea tan terrible.

El sol, resignado en su vigilia tardía,

Envia sus últimos esplendores,

Que te circundan cetrinas,

Y avisan que la sombría ya viene.

Y así, te despides, pero una cosa es clara,

Y es que en el tiempo cosas inexorables tuvieron, tienen y tendrán que pasar.

Agamenón tuvo que pisar las purpuras,

Yo tengo que seguirla recordando

Y tú te volverás a rebelar en el verano.