Este año se fue con cosas intactas:
palabras que no encontraron su voz, sueños doblados con cuidado en el bolsillo del miedo como las horas que no supieron llegar a puerto.
Hubo intentos que se rompieron como vasijas mal cocidas, y caminos que se cerraron temprano cuando el corazón todavía insistía.
Pero el tiempo no es una puerta sellada, es un río que vuelve a empezar.
El calendario cae como una lluvia nueva sobre la tierra cansada y algo, en silencio, se prepara.
Lo que no nació aún respira.
Lo que no fue, se demora.
El año que llega no borra las heridas, pero deja espacio para que vuelva a crecer la fe.
Y lo que viene ha de llegar con menos prisa y más verdad, dispuestos a sostener el sueño, hasta que aprenda a quedarse.
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Rafael Blanco López
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