Cumplo con el guion: sonrío cuando debo y aplaudo cuando es necesario.
Soy, a los ojos del mundo, el ciudadano ejemplar y me enorgullezco de serlo.
Pero en la intimidad de este momento, confieso que por dentro me estoy muriendo por tu ausencia.
El hueco que dejaste en mi interior ha cobrado vida; es un abismo que se expande, un dolor punzante que me oprime el pecho cada vez que suspiro tu nombre.