Nkonek Almanorri

TARJETA VISA.

 

 

Destruir para crear

Es la máxima

Del

Capitalismo.

 

La mentira hace esclavo,

El dinero genera asesinos.

La sociedad de todos

Los tiempos y hasta

Hoy es esclava.

Y lo que es

Peor:

Es una sociedad que ama

La esclavitud,

La suya

Propia.

 

Hace unos años, bastantes – tantos como 39 - cuando mi situación económica era no buena sino muy buena ocurrió que el subdirector del banco del cual yo era su cliente me abordó en una cola de ventanilla y me pidió que le acompañara a su mesa… Para abreviar: me dijo que dado mi saldo en cuenta me sería interesante, para mí, una cartera de inversión; antes de que prosiguiera le paré en seco y le dije textualmente poniéndome de pie: ¡¡no me interesa!! Y dicho esto volví a la cola frente a la ventanilla. Fin de la conversación y de la relación con aquel Banco dado de que al llegar a la ventanilla olvidé la operación que iba a hacer y cancelé mi cuenta. Cuando esto ocurrió yo llevaba 14 meses trabajando en Citigroup con una licencia de multinivel y sabía perfectamente cómo funciona desde dentro el mundo de la Banca.

 

Hace 15 años mi situación económica no era ni parecida. Todo empezó cuando al hacer el pago de una operación mediante teléfono una voz, que a mí me pareció de ultratumba, dijo: “Su tarjeta ha sido rechazada”, o algo así. Otro fin de siclo. Ese día percibí, con absoluta certeza, de que no era mi tarjeta la que había sido rechazada sino yo por esta sociedad del progreso, la tecnología y el poder  económico al que estamos sujetos. A partir de ahí y por otras circunstancias que no vienen al caso se me echaron arriba unos años malos de los cuales aprendí mucho y bueno; aprendí, por ejemplo que siempre hay algunas personas que nunca te abandona y más aún: te ayudan y mucho; aprendí también que tengo una esposa y un hijo que han sido y son las mejores personas que tengo a mi lado; y aprendí también que la lectura y la escritura me salvaron de muchas situaciones complicadas.

 

Sin la Tarjeta Visa, descubrí, que poco menos que fui un indigente en medio de una sociedad de la que fui parte sin darme cuenta de que no era yo su necesidad sino el dinero que yo tenía y que manejaba para sus intereses hasta que dejé de ser lo que ellos querían de mí: un peón del sistema. También descubrí que las redes de la tecnología, las que mueven todos los campos de “progreso económico”, y que parecen facilitarnos la vida, mientras seamos de su interés, repito, pasan a un segundo o incluso un tercer grado de posibilidad de valerte de ellas dado de que ya y desde ese mismo momento en que descubren y saben que no tienes dinero ya no eres nada en esta sociedad, ni nada ni nadie: se acaba la libertad y se entra en una especie de cautiverio del cual, y a cierta edad, ya es difícil salir, se acaba el mundo tal como lo hemos conocido.

 

Hoy, afortunadamente, mi situación ha cambiado: económicamente no tengo ni dispongo ni de la mitad de lo que un día tuve y dispuse, incluso diría que menos aún, pero con lo que tengo soy multimillonario: una pensión suficiente para vivir feliz y con dignidad, un piso para vivir, una familia cercana y un hijo que en la noche de Navidad nos confirmó de que vamos a ser abuelos de una niña. También descubrí que sin tarjeta visa se puede vivir y que los bancos ni te llaman ni te molestan. Ésta está siendo una Navidad perfecta, y sin tarjeta visa.