Luz y oscuridad

Despedidas

Es sábado, y me hallo en pedazos

en medio de tu nada y de la mía,

queriendo huir de esta pesadilla

que aún no termina.

Es sábado, y se me cae el cielo

en quinientos domingos rotos,

aquellos en que me desgarraba el alma

por una ausencia que así quedará.

Es sábado, y tengo una tormenta sin fin en mi pecho,

que arrastra mis emociones como hojas perdidas,

creyendo que en unas horas volverás,

que regresarás para colmatar el vacío confuso

que yo mismo generé.

Es sábado, y las horas se deshacen

como cristales rotos, llorando tu partida

en cada reflejo.

La despedida aún arde,

y el dolor inconsolable de verte ir

se repite como eco interminable.

Tal vez el domingo te vea en mis recuerdos,

te llore por horas hasta dejarte ir.

Tal vez tenga quinientos domingos más en aflicción,

pero ya sé lo suficiente como para vivir:

ponerme de pie nuevamente,

escribir entre mis líneas

que te amé con toda mi alma,

pero fue más el amor

que aprendí a sentir por mí.