tomamos unos vinos
con mí compañero peón
para esperar
al amanecer
el bus que bajaba
de la Cordillera;
en su puesto
un puesto oscuro
bajo un foco de luz muy pobre
escuchamos a Larralde
y nos quedamos en silencio
compartiendo
un pan
y un poco de fiambre;
finalmente
después
de una larga campaña
de tardes y noches
de semanas y de meses
después de luchar
por los salarios
los aumentos
los despidos
después de tanto
trabajar juntos
finalmente
nos separábamos
para siempre;
pero
los gauchos no lloran
ni se abrazan;
afuera la policía
me buscaba
por organizar
las protestas
contra los patrones
y los delegados
traidores
de aquel pueblo;
así que terminamos
las dos cajas de vino
y él se levantó de la mesa
me estrechó la mano
sin decir ni una palabra;
y aunque los dos
estábamos tristes
simplemente
nos miramos a los ojos
apretamos
las manos con fuerza
y aquel amigo
aquel gran amigo
hijo de una mujer buena
y de un delincuente
que estaba preso en el penal,
se fue a dormir
junto a una salamandra;
y yo le dije
que le dejaba
de regalo sobre la mesa
mi biblia;
le pedí que la leyera;
pero ya no respondió;
así que
agarré la mochila
la campera
y salí
caminando
por la ruta;
afuera nevaba.