Sevilla, fragua de mi alma
Sevilla, madre de soles
y albero que arde en mis venas,
fuiste cuna, llama y sangre,
fuiste arrullo en las azoteas.
Nací de tu luz antigua,
de tu jazmín y tu quejío,
y el calor con que me abrazas
forjó mi pecho encendido.
No hay esquina en tu memoria
que no guarde mi latido,
ni sombra en tus callejones
que no me haya bendecido.
Tu Giralda es mi vigía,
tu río, mi fiel destino,
y en Triana el alma canta
lo que calla el peregrino.
Me diste el alma morena,
la nostalgia en los bolsillos,
y una voz de cal y viento
que aún resuena en mis sigilos.
Tu calor no fue castigo,
fue enseñanza sin palabras,
me templó como a una espada
entre sueños y ventanas.
Y aunque el mundo me haya abierto
otros cielos y caminos,
llevo a Sevilla en los ojos,
como un faro en lo infinito.
Antonio Portillo Spinola