Diego Ascanio

Saberse frágil

Es en plena noche cuando el dolor aparece.

Mis ojos volcados al techo.

En la oscuridad total,

la tristeza se desplaza por todo el cuerpo.

 

Qué extraño es saberse frágil.

Llorar sin razón aparente, devastador.

Una ardiente melancolía

brota como manantial

de aguas turbias, imprecisas y silenciosas.

 

Estoy cansado de cargar este dolor.

La fragmentación del alma es desconocida,

la respiración apenas atendida

como forma de desolación.

En cada hálito, siento irme.

 

Aún guardo la esperanza

de encontrar señales que me ayuden,

me salven de tanta pena.

Quiero intentar, procurar, añorar

la serenidad.