En la ruta del alba,
sin caricia una flor de la montaña,
de mis ojos más allá...
Me aguarda inquieta,
sin reflejar ningún miedo a mi sonrisa,
que se le muestra plena...
Le quepo en su vida,
pues desea compartir mi oro de poesía,
en cada letra y sílaba...
De casta ternura,
siento el beso invisible de su esencia,
con mística sedativa...