Te he estado reteniendo
tanto tiempo,
retrasando lo inevitable.
Me da miedo perderte,
pero debo soltarte.
Ya no tengo nada más que darte;
no me necesitas,
aunque desearía negarlo.
Es la única manera de seguir:
ver cómo te vas
y aprender a aceptarlo.
Duele tanto,
pero estaremos bien.
Un día nos encontraremos,
con recuerdos intactos,
con el mismo cariño…
o quedaremos en el olvido.