Padre, tu rostro no presume victorias,
las guarda.
Cada arruga es un día cumplido,
cada sombra
una batalla que no pidió aplausos.
Aprendí de ti
que el amor no siempre abraza:
A veces vigila desde lejos,
a veces se queda
para que otros avancen.
Fuiste muro y fuiste puerta.
Mano firme cuando hizo falta,
silencio justo
cuando el mundo hablaba de más.
Si hoy estoy de pie
no es por lo que me diste,
sino por lo que callaste
para no pesarme.
Padre,
si alguna vez dudaste
de tu importancia,
mírame:
soy la respuesta que el tiempo
te debía.
Y si no te lo dije entonces,
te lo digo ahora,
con la voz que me heredaste:
Gracias
por quedarte
cuando irse era más fácil.
Autor: Juan Carlos Santoyo Grimaldo
25/12/2025