Los senderos sinuosos del Bosque parecen llevar al corazón desnudo y torcido de esta loca ciudad.
Las advertencias han sido dadas por un viejo sabio asceta. Aquel que entre, o introduzca su mirada furtivamente allí, saldrá transfigurado maliciosamente.
No quiero ahondar en lo insondable, solamente me limito a observar someramente con cautelosa curiosidad desde este cerro, y describo lo que veo.
Un loco que derrama sangre negra y cansada de su vientre llego a ver, más adentro no lo se.
Asno famélico que carga huesos infantiles llego a ver, más adentro no lo sé.
Un pordiosero convaleciente con un rosario en su mano llego a ver, más adentro no lo se.
Paloma exangüe que quiere volar vanamente llego a ver, más adentro no lo se.
Árbol milenario partido por la bestia tullida rojiza llego a ver, más adentro no lo se.
Eunucos execrables que danzan al rededor del altar sagrado de la bestia llego a ver, más adentro no lo sé.
Robustas cabras fornicando con vírgenes doncellas llego a ver, más adentro no lo sé.
Un ignominioso padre que ora en su iglesia alquilada llego a ver, más adentro nose.
La esfinge parece cansada de esperar.
Organizó una fiesta entre el loco, el pordiosero, el asno, la paloma, los eunucos , la bestia, las cabras y las doncellas en la iglesia alquilada,
sin el permiso del ignominioso padre, que al llegar entonó su canto de cisne.
¿Quien paga la fiesta? Crucifixión a los inversores.
La ciudad ahora mismo no es libre. El bosque se empieza a deforestar por el rojizo dragón.
Todo eso puedo ver en la lejanía de este paisaje altivo, no me animo a bajar.
Una última cosa antes que arribe al sueño.
Una mujer escapó, aún no dice que pasó con su bebé y por qué lleva una corona de espinas.
Ay, creo haber visto más de lo que debía, me siento enfermo,
ay, creo haber cometido un error.
El sueño me arrastra.
Incipit tragoedia...