¡Oh, Virgen María!
cuando se encuentra mi alma abatida,
percibo tu presencia,
con la merced de tu amor que me guía...
Vestida de reina,
la creación te canta agradecida,
de ternura inmensa,
inmaculada Virgen de la pureza...
La madre que en todos piensa,
bondadosa señora...
de tantas virtudes adornada,
un ejemplo de vida...
Hoy, que mi vida ya se agota,
sé mi intercesora,
ante tu Hijo, Madre de la Esperanza,
te lo pido con reverencia...