FATIGA
Este mes camino más lento,
no porque quiera,
sino porque el cuerpo
aprendió a pesar.
El trabajo no cambió,
mis manos hacen lo mismo de siempre,
el mismo esfuerzo,
la misma carga…
pero algo en mí llega antes al final.
A veces me pregunto
si mi juventud se desgastó
como se gastan los zapatos,
sin avisar,
solo un día notas el suelo más duro.
O tal vez no es la edad,
tal vez he ido sumando días
sobre los hombros
sin bajar nunca el costal.
Termino la jornada
con la fatiga sentada en el pecho,
no grita,
no duele fuerte,
solo se queda.
Y en ese silencio cansado
entiendo algo simple:
no es que ya no pueda,
es que he podido demasiado
sin detenerme.
© Corazón Bardo