Mi aflicción es de un ruiseñor que llora
y mi suspiro de paloma triste,
Y es mi dolor desde que tú te fuiste,
trivial queja de campana insonora.
La mirada que fuera soñadora
hasta el momento en que de mí te fuiste,
fue perdiendo aquel sueño, y ya no existe
el fuego que de mi alma se evapora.
Todo tiene su fin y su comienzo.
Hay veces que con duras pinceladas
un pintor da por acabado un lienzo.
Capricho es, de la vida y del artista
supremo que en nuestros designios hurga,
limando donde sobre alguna arista.