Te amo
como se aman las cosas que tiemblan,
con las manos abiertas
y el corazón desnudo.
Hay días
en que te acercas
como si mi nombre fuera refugio,
y otros
en que levantas muros
con ladrillos de duda
y yo me quedo afuera
tocando tu miedo
como quien toca una puerta sagrada.
No es ausencia lo que siento,
es tu batalla interna
cruzándome el pecho.
Yo no te elijo por costumbre.
Te elijo
como se elige el fuego
aun sabiendo que quema,
como se elige el mar
sabiendo que no se queda quieto.
Te elijo
cuando te quedas,
cuando te vas un poco,
cuando vuelves con los ojos cansados
de no saber si mereces amor.
Si supieras
cómo te nombro en silencio,
cómo acomodo mi mundo
para que quepas sin miedo,
cómo estaría dispuesta
a volverme mejor, más suave, más fuerte
solo para sostenerte.
No quiero arrancarte las dudas.
Quiero amarte
hasta que ellas se cansen de existir.
Y si un día dudas de quedarte,
mírame:
yo ya estoy aquí.
Descalza.
Abierta.
Amándote
sin saber irme