En el tapiz del tiempo, nuestras almas danzan,
unidas por un hilo, que el destino alcanza.
En cada vida, renacemos al unísono,
buscándonos a tientas, con anhelo insólito.
Quizás fui un guerrero, y tú, mi dulce reina,
o yo un trovador, y tú, mi musa plena.
No importa la forma, ni el tiempo ni el lugar,
siempre nos encontramos, para volver a amar.
Atravesamos siglos, océanos y cielos,
guiados por la fuerza, de nuestros anhelos.
Reconocemos nuestras miradas, al instante,
y el amor renace, radiante y constante.
Aunque la memoria, se desvanezca a veces,
el corazón recuerda, esos dulces creces.
Un déjà vu profundo, nos invade el ser,
y sabemos que juntos, debemos volver.
Así, una y otra vez, nos reencontramos,
en un eterno ciclo, que celebramos.
Porque nuestro amor, trasciende la existencia,
y se manifiesta, co Lon sublime persistencia.