Hoy he asesinado a una araña,
tengo mucha pena:
he asesinado a una araña.
No a drede —no planificado—,
más bien debido a azares de la inconsciencia.
Ese actuar automático, enquistado en la sien de los humanos,
mal de todos los males.
He matado a una araña,
y en parte fue haberme matado a mí mismo.
Panteísmo que me corre por las venas:
me he fallado.
Y seré digno de ejecución,
porque una vida no pesa más que otra;
la conciencia es solo un accesorio caprichoso.
Hoy he asesinado a una araña,
pero quizá mañana una me asesine a mí.