Me quedo un rato
en el tibio lecho,
la calma absoluta
me acobija.
Solo escucho
el silencio tenue,
vuela el pensamiento
se posa en la nada.
Tras la cortina se cuela
la luz del día.
Un suspiro profundo
se escapa del alma.
El soliloquio como actor
entra en escena.
Los demonios internos
perturban mi paz.
Al cerrar los ojos,
la musa fluye con su aura
y mi mente se despeja.