I_KENNETH

Poema Veinte

Puedo escribir esta noche lo que más duele.

Por ejemplo: la noche respira lento,

y un frío azul cae desde las estrellas.

 

El viento insiste sobre los árboles.

Es la misma música de siempre,

pero hoy me atraviesa distinto.

 

Puedo escribir lo que más duele esta noche.

La quise. Y a veces ella también me buscaba.

 

En noches como ésta, su cabeza dormía en mi pecho,

y todo el cielo parecía quedar dentro de sus manos.

 

Ella me quiso, y a veces yo también la alcanzaba.

¿Cómo no amar sus ojos cuando se abrían como un amanecer?

 

Puedo escribir lo que más duele esta noche:

recordar que ya no está;

aceptar que la perdí.

 

Escuchar esta noche inmensa, más inmensa sin su risa,

y sentir cómo cada palabra cae en el alma

como el rocío en un campo que nadie mira.

 

Qué importa ahora que no supe retenerla.

La noche sigue encendida

y ella no está conmigo.

 

Eso es todo. A lo lejos alguien canta.

A lo lejos.

Y mi alma no sabe tranquilizarse con su ausencia.

 

Como si pudiera traerla,

mis ojos la buscan.

Mi corazón la busca.

Pero ella no está.

 

La misma noche, los mismos árboles,

y sin embargo nosotros, los que fuimos,

ya no somos los mismos.

 

Ya no la amo, es cierto.

Pero cuánta vida puse en su nombre.

Mi voz se alzaba al viento

solo para alcanzarla.

 

De otro será.

Como antes de mis brazos y mis dudas.

Su risa, su piel de luz.

Sus ojos infinitos.

 

Ya no la amo, es cierto,

pero tal vez todavía la amo.

Es tan breve el amor,

y tan interminable el recuerdo.

 

Porque en noches como ésta la tuve conmigo,

y mi alma no se calma con saber que se ha ido.

 

Aunque sea este el último dolor que me deje,

y estos, de verdad,

los últimos versos que escribo para ella.