Aunque no te has ido, ya no estás.
Llegó tu ausencia a mi silencio.
¿Qué de aquella servilleta amarilla,
donde el amor habíamos firmado?
Las promesas, guiadas por el viento,
así como tus caricias, se fueron, una a una.
Y mi corazón, herido, aún las cree,
así como mi cuerpo, sediento, aún las busca.
Aunque no te has ido, ya no estás.
Llegó tu indiferencia a mi retiro.
¿Qué de aquellas sábanas blancas
donde el amor habíamos sellado?
Los calores perdidos tras los años,
así como los besos, se espaciaron, una a una.
Y mi piel, taciturna, aún los espera,
así como mis labios, secos, aún las ansían.
Aunque no te has ido, ya no estás.
Llegó tu vacío a mi soledad.
Tú… tú ya no estás,
y yo… yo solo en los recuerdos.
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