Enchufado a su particular
bombona de oxígeno digital,
el individuo sobrevive
esta distópica sociedad.
El afiliado conforma
una realidad prestada,
su experiencia se filtra;
vegeta en un medio ajeno que lo succiona.
Atado a una dependencia restringida
es vital estar enmarañado a la red,
sumido a la adicción conectiva.
Obediente a las interrupciones
y demandas constantes
del patrón dispositivo,
adepto esclavo de notificaciones.
El sistema nos define,
somos huellas con existencia digital
con registro validado.
Náufrago de tramas,
adicto a esa sensación de estar perdido,
extraviado en la vorágine de los datos.
Ante el abismo luminoso
se contrapone la atracción hipnótica
de la sublime pantalla
y la falta de sustancia.
Su vida describe
la paradoja de una prisión invisible,
atractiva y eterna;
autoimpuesta,
aparentemente inofensiva.
Se fusiona el ostracismo social
con el consumo pasivo y continuo
de contenidos soeces.
Cliquea y existe…
14-12-2025
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