Contemplo el vaivén del mar inconstante,
como el espejo fiel de mi existencia:
ora calma sublime en su presencia,
ora furia que emerge amenazante;
no busco las alturas del gigante
pino que desdeña con vehemencia
al viento, ni la humilde permanencia
del musgo en roca gris y vacilante.
En medio del camino hallo sosiego,
donde la dicha y pena se entrelazan
como danza de sombra con el día;
ni me exalta el dulzor del blando ruego,
ni las penas del mundo me embarazan:
en el justo equilibrio está mi guía.