Fueron 124 días guardados como pequeños tesoros y 1.460 noches intentando convencer al alma de que te había olvidado.
Pero bastaron solo diez minutos para descubrir que el tiempo nunca alcanzó a deshabitarte.
Hoy somos la huella persistente de una memoria que retorna, un fuego antiguo que sigue ardiendo en silencio, incluso después de tantos años sin nombrarnos.
Pinto Celia