Sierdi

EL NIÑO AGONIZANTE

 

Mami, en estos últimos días, ¡Me moriré!

Tráeme colores, todos, sin gris, para pintar.

Consigue un tonto mimo, que sepa cantar.

Sé, que, si no sabe hablar. ¡Yo, le enseñaré!

 

Después que el niño declinó muy enfermo.

Entró, un mimo de rayas, alegres y refinadas.

En un instante cautivó con gestos y risotadas.

Señaló por la ventana, la nieve del invierno.

 

A través del cristal, se veían unas rosas rojas.

Cotejando con sus brazos, lo bellas y potentes.

El mimo lo amó tanto, que le dejó un presente.

Delineando en el cristal, la más bella roja rosa.

 

El se recuperó, cortejado por las expectativas,

Y al ser grande, recordó el pedido a su madre.

“Consigue un tonto mimo.” ese fue mi padre.

Me enseñó a hablar… y a tener ilusión de vida.