VICTOR SANTA ROSA

FUE MÍA.

FUE MÍA.

 

Fue mía una noche: No recuerdo precisamente;

Tuve su fuego, su celo… Su piel de lirio,

también su aliento y su exudación ardiente,

que hacía cada gemido… Excelso martirio.

 

Y ese fuego… Pausado cirio, que no apaga,

Austero, cuál rescoldo que sin lumbre abrasa,

fue sed de vino, que apetece más no embriaga

y por más que se evita… Más deseos, rebosa.

 

Fue mía…. Y aún la tengo conmigo,

como tengo vida, como tengo respiro,

fue mía y aun la siento, más no la miro,

cómo siente… Más no ve, la hoz el trigo.

 

Fue mía y su fuego llevo encendido,

cual yesca, que fustiga alma y sentido;

Así la remembranza desecha al olvido,

sin poder desentrañar, lo ya vivido.

 

Fue mía:

Lo es aún… En el otoño de mi cabeza,

Y en la nieve nívea de mis sienes canas.

Fue mía… En el lumbral de mi tristeza

y en la ausencia de mis albas tempranas.

 

Más mis horas, no han sido vanas,

porque mi vida, vive en la de ella,

cómo perviven las estrellas lejanas,

entre tormentas, brumas y centellas.

 

Fue mía una noche: No importa cual

y se nos hizo tan breve, a la vez eterna,

fue noche de celo y de entrega total,

grata vivencia, secreta y sempiterna.

 

Autor: Víctor A. Arana.

(VÍCTOR SANTA ROSA.)

Guatemala, noviembre 30 del 2025.