FUE MÍA.
Fue mía una noche: No recuerdo precisamente;
Tuve su fuego, su celo… Su piel de lirio,
también su aliento y su exudación ardiente,
que hacía cada gemido… Excelso martirio.
Y ese fuego… Pausado cirio, que no apaga,
Austero, cuál rescoldo que sin lumbre abrasa,
fue sed de vino, que apetece más no embriaga
y por más que se evita… Más deseos, rebosa.
Fue mía…. Y aún la tengo conmigo,
como tengo vida, como tengo respiro,
fue mía y aun la siento, más no la miro,
cómo siente… Más no ve, la hoz el trigo.
Fue mía y su fuego llevo encendido,
cual yesca, que fustiga alma y sentido;
Así la remembranza desecha al olvido,
sin poder desentrañar, lo ya vivido.
Fue mía:
Lo es aún… En el otoño de mi cabeza,
Y en la nieve nívea de mis sienes canas.
Fue mía… En el lumbral de mi tristeza
y en la ausencia de mis albas tempranas.
Más mis horas, no han sido vanas,
porque mi vida, vive en la de ella,
cómo perviven las estrellas lejanas,
entre tormentas, brumas y centellas.
Fue mía una noche: No importa cual
y se nos hizo tan breve, a la vez eterna,
fue noche de celo y de entrega total,
grata vivencia, secreta y sempiterna.
Autor: Víctor A. Arana.
(VÍCTOR SANTA ROSA.)
Guatemala, noviembre 30 del 2025.