Contengo la fiebre, guardo el deseo
mi sombra se arrastra tras tu figura
mi voz no se atreve a quebrar la espesura
y en silencio me vuelvo tu destello.
Cada gesto tuyo es un secreto juego
cada mirada, un filo que me apura
mi mano teme, pero el alma asegura
que el tiempo te acercará a mi fuego.
Soy Athos que sabe esperar la llama
que mide el instante, que teme y ansía
y en tu presencia descubre su drama.
Mas sé que en tu abrazo se anida el día
y que la noche pronto tendrá su trama
cuando tu cuerpo y el mío sean poesía.
A diferencia de Porthos (impulsivo) o Aramis (seductor), Athos sabe que la prisa en el amor lo vuelve frágil.
Athos era paciente porque su corazón hablaba en voz baja, como quien teme despertar un recuerdo, que todavía respira en lo oscuro.
Era paciente porque sabía que el amor no es un caballo desbocado, sino un animal tímido, que se acerca solo cuando siente luz verdadera.
Era paciente porque sus heridas, aún selladas, eran breves lámparas que le enseñaron que apresurar la ternura es romperla.
Era paciente porque respetaba el misterio del otro: esperaba el momento en que el alma ajena se animara a abrir la puerta, sin exigencias,sin ruido, solo con la dignidad del silencio.
Y era paciente, finalmente, porque su amor no venía del deseo, sino de la fe: la certeza de que lo que es suyo no necesita ser perseguido, solo reconocido cuando llegue.
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