Con su manojo de agujas
se nos acerca el invierno
y sus hilitos de lluvia
nos tejen los aguaceros.
El viento también se acerca
siempre alegre y repentino
a construir con hojas secas
sus hermosos remolinos.
Con manto de tela oscura
la noche llorosa viene
con su vestido de viuda
que es el único que tiene.
La luna tiene una tropa
de rutilantes luceros
con quienes lava su ropa
después de los aguaceros.
Alejandro J. Díaz Valero
Maracaibo, Venezuela