Ella no levantó la voz,
ni golpeó la mesa,
ni exigió explicaciones.
Reclamó como reclaman las almas cansadas:
con silencios que pesan,
con miradas que tiemblan,
con un “está todo bien” que es un grito escondido.
Él lo sintió.
Sintió cómo la herida que ella no nombraba
le rozaba la espalda como un viento frío.
Sintió el temblor que ocurre
cuando alguien te necesita,
pero ya no sabe cómo pedirte que te quedes.
Ella esperaba un gesto,
una palabra que le acomodara el mundo,
algo pequeño,
lo suficiente para no sentirse sola
en un amor que se le estaba rompiendo entre los dedos.
Pero él,
que siempre tuvo miedo de mostrarse completo,
se defendió como saben hacerlo los que cargan dudas:
dando un paso atrás,
cerrando la puerta más suave que un suspiro,
pero dejando la marca,
la señal de que sus sombras seguían ahí.
No se fue del todo.
Nunca se van del todo quienes no se atrevan a quedarse del todo.
Dejó un eco.
Una incógnita flotando en el aire,
como una pregunta sin valiente
que se hace gigante en la madrugada.
Ella quedó temblando,
no porque él se fuera,
sino porque no sabía por qué.
La incertidumbre cayó sobre su pecho
como lluvia fría que no se detiene,
y en esa lluvia se dio cuenta
de que nunca lloramos por la despedida,
sino por lo que no entendemos.
Lo que más duele
es lo que queda sin nombre,
lo que no se dijo,
lo que pudo salvar,
lo que ya no vuelve.
Ella cerró los ojos
y sintió el espacio vacío
que él dejaba al marcharse.
Era un vacío extraño,
como si él aún estuviera ahí,
pero detrás de una pared
que ninguno de los dos sabía derribar.
Y en ese silencio triste,
su corazón se quebró un poco,
solo un poco,
lo justo para que el alma llorara
sin que nadie lo notara.
Quizás algún día él regrese,
o tal vez no.
Tal vez la incógnita sea el final,
o tal vez sea el principio
de lo que ella tenía que aprender:
que nadie que se va sin explicarse
merece quedarse a medias en tu historia.
Y ella,
con lágrimas que no pidió,
con respuestas que jamás llegaron,
entendió al fin
que a veces la vida te deja esperando un abrazo
que nunca va a volver.
Pero también entendió
que los silencios enseñan,
que las dudas duelen,
y que un alma como la suya
me
rece un amor que no deje preguntas flotando,
sino certezas que te arropen el corazón.