Diaz Valero Alejandro José

Sopa de coplas

 

Díganle a Carlos Felipe
que está detrás de la puerta
que ya no llore ni grite 
que la gata no está muerta.

Dígame doña Tomasa
usted que sabe de todo
como reduzco la grasa 
de los huesitos del codo.

Si siguen con la porfía
del fósforo y la candela
conseguirán que María 
no vuelva más a la escuela.

Qué extraña manera es esa
de manejar la cocina
montando una sola olleta
y encender las cuatro hornillas.

Ayer me dijo hasta luego
con palabritas de amor
y hoy que vengo de regreso
me sorprende con su adiós.

Marcaron mi mocedad
dos libros, tan sólo dos,
Cien años de soledad
Lo que el viento se llevó. 

Las miradas de tus ojos
parecen aves en vuelo
que emigran en el otoño
al igual que en el invierno.

Por fin se quebró la roca
tan fuerte que se miraba 
pues el agua gota a gota 
pudo por fin socavarla.

Si yo me quito el sombrero
al saludar a las damas
me vieran desnudo el cuero
de mi cabeza ya calva.

Si me vas a dar cuchara
que sea de las grandotas
y verás como se acaba
en un santiamén la sopa.


Alejandro J. Díaz Valero 
Maracaibo, Venezuela